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miércoles, 9 de noviembre de 2011

New York New York: THE COFFEE SHOP at Union Square


THE COFFEE SHOP
Me gusta Union Square porque es la puerta de entrada al Village sin ser el Village, porque es la trastienda de Madison Avenue, porque está a la vuelta de la esquina de la quinta, porque tienes cerca todo sin estar metido en ningun sitio. Y me gusta The Coffee Shop, por la combinacion de diner americano con local cool de los 50, el metal del acero inoxidable, las sillas sesentosas de cuero verde y burdeos, el papel de la pared, las lamparas art deco....uno no sabe si desayunar o tomarse una copa.
Abrió en los 90, pero tiene esa capacidad de los locales neoyorkinos de parecer que está aqui desde siempre. 
Los 90 marcaron Union Sq. por la apertura del Union Square Cafe por Danny Mayer, el primer local del famoso Rey Midas de la restauracion americana. Y supongo que the coffee shop se crió a la sombra y a la vuelta de la esquina del afamado Café sin mayor pretensión, pero sin saber que iba a sobrevivir con mucha más suerte y empaque que su antecesor. La plaza vió tambien en los 90 el nacimiento del Union Square Market, que abre varios días a la semana de 9 a 5 y en el que los productores locales venden desde repollos y calamares hasta velas aromáticas.
Nueva York no es un barrio de mercados, como Londres y Paris, tal vez porque sea en si mismo un enorme mercado, en el que en cada esquina los top manta llevan mesa plegable y toman cafe en vasos de papel mientras ven la vida pasar. Aquí se vende de todo, y se encuentran incluso catálogos humanos por doquier. Y esa es exactamente una de las señas de identidad del Coffee Shop, sus famosisimos camareros aspirantes a modelos y actores; temperamentales, olvidadizos (tendras suerte si lo que te traen a la mesa coincide con lo que has pedido) y más preocupados por mantener la pose y la cara de poker que en satisfacer al cliente. Una vez más: estamos en Nueva York, olvidate de la amabilidad sureña, de la señorita que se arrodilla y te canta su nombre con una sonrisa profident para ganarse la propina. Esto es Nueva York y somos más bordes que un camarero de La Latina cuando le metes prisa. Y si se te olvidó dar propina, no te preocupes que te le recordarán con cara de muy malas pulgas o te lo cargarán en la tarjeta directamente sin pedir permiso.
Dicho esto, The Coffee Shop es Nueva York en esencia y no hay que perderselo. La comida es fantastica, abren 23 horas al día, la música estupenda, el ambiente cool, la gente guapa (mirad si no su web), la localización insuperable y el camarero que te sirve... una monada aunque confunda tus tortitas con una french toast.

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29 Union Sq. West, at 16th St.
New York, NY 10003

*gracias moralejo por la foto (te la he mangado de tu blog) 

New York New York: Carnaza en THE STRIPHOUSE

THE STRIPHOUSE
Siempre vuelvo de Estados Unidos con un par de kilos mas. Bueno, por lo general vuelvo de los viajes con un par de kilos mas. Me muevo, camino, no paro... no quiero ni imaginar cuántos kilos serían si mi vida no fuera tan ajetreada. En cualquier caso, me compensa, qué queréis que os diga. Vivo para comer bien.Y menos mal que no vivo de escribir acerca de la comida porque mi gozo y mi persona no cabrian en mi silla.
Ir a Estados Unidos y no comer carne es algo que no entendería ni de un vegetariano. Si la carne es espectacular: es en America. Y digo en America porque quiero incluir Brasil y Argentina. Por ello, en mi ultimo viaje a Nueva York, y con pocas ganas de carne la verdad sea dicha, me he obligado a visitar una vez mas, ya será la quinta, uno de los templos del steak neoyorkino: The StripHouse. El doble sentido del nombre es total, uno por el tipo de corte New York Strip (un entrecot de toda la vida) y dos por el ambiente de speakeasy de la prohibicion americana: poca luz, focos rojos, muebles de madera y eskay rojo, fotos picantes de los años 20 y un papel de pared en el que si uno se fija no hay hojas de acanto sino señoritas en posturas curiosas.

Me encanta el ambiente, me gusta la entrada al local, algo cutre por una puerta lateral de un portal. Me gusta la mezcolanza de amabilidad americana y mala leche neoyorkina (te echan "amablemente" para doblar mesas o porque ya es tarde). Y me gusta la sencillez de la carta. Carne en varios cortes y en tres estilos: hecha, medio hecha o poco hecha. Junto a una extensa seleccion de sides orders clásicas: espinacas a la crema, pure de patata, judías verdes, patatas gratinadas, patatas fritas en grasa de pato, ensalada, maiz... Y ya está. Así llevan mas de 30 años y así seguiran.
No os olvideis de pedir el pastel de chocolate. Yo lo he olvidado en esta ultima visita. Son 24 capas de chocolate impresionante con un tamaño espectacular. Un postre por mesa es suficiente.
 
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13 East 12th Street  New York, NY 10003, Estados Unidos
(212) 328-0000


New York New York: ANY GIVEN SUNDAY

Supongo que mientras los turistas y foraneos pasan el domingo en el brunch de Balthazar. Los locales se encuentran al sol en el High Line Park y toman un sandwich de pastrami en el Cookshop Cafe.

La High Line me fascinó desde el primer momento que supe de su existencia hace un par de años. Una antigua via de tren elevada convertida en parque urbano entre Chelsea y el Meatpacking. Una obra erigida con dinero de los vecinos y apoyo de donaciones privadas. Me ha costado llegar a verla y apenas disfrute de ella 15 minutos debido al trabajo, pero me puedo imaginar cómo es levantarse un domingo en Nueva York, sabiendo que vives en esta mítica ciudad, coger tus bartulos, un buen libro y caminar por las alturas hasta encontrar un rincon al sol para leer y observar. Si algo tiene maravilloso la ciudad es que ser voyeur es un privilegio. Me gusta la mezcla de razas, de estilos, de opciones sexuales, religiosas o dietéticas. Mirar los zapatos de la gente, imposible imaginar dónde los compraron. Mirar el peinado, los libros que leen, cómo se besan en un banco.

La Higline es muy verde y conserva resto de los railes perfectamente integrados entre retazos de jardines de inspiracion cubista, oriental o berlinesa. De hecho la Highline tiene algo de europea y se erige sobre las calles que cruza con esa prepotencia que otorgan las alturas. Algun hipster, mucho orgánico, ningun perro, parejas guapas, gente sin zapatos al sol, extranjeros locales, gente del barrio.... mucho single leyendo libros de segunda mano y exhibiendo portada (sera un nuevo metodo para ligar?). Este es el Nueva York de los que saben que son modernos y no tienen que demostrarlo. No hay actores sobreactuados, ni gente disfrazada de neoyorkinos. Y eso es fantastico.

THE COOKSHOP
Os recomiendo el paseo, como os recomiendo terminarlo en el cruce de la calle 20. Cada cruce de calle en las alturas está señalizdo en la barandilla. Hay justo una escalera que baja a la avenida 10, pegada a un gran parking de esos que parecen un garaje de micromachine. Y frente a ella Cookshop cafe, uno de esos lugares en los que aunque sea lunes, uno tiene la sensacion de brunch dominical. Un espacio dedicado a que elegir la comida no consista en descifrar códigos y salsas rocambolescos, sino en decidir si el sandwich de pastrami, la hamburguesa y los calamares con alcaparras jugo de limon y perejil te caben en la barriga en la misma comida y aun queda hueco para el postre. Quieres volver porque te has dejado platos que probarías. Porque el horno de leña que preside la cocina vista hace que el pollo huela espectacularmente y la pizza de espinacas con huevo sea un poema. Me encantaron los mejillones con salsa de pomelo y azafran, moje el pan hasta el final y acabe el caldo con la cuchara. Me gustó la decoración de cientos de calabazas minúsculas, hojas de arce (rojas y doradas) y granadas que, supongo, cambia con cada estación. La cristalera de arriba abajo que hace que observes pasar a la gente resguardado del otoño, y la compañía. Pero sobre todo me gusta imaginar que vivo en Chelsea, que la High Line es el parque al que puedo volver el domingo que viene y que entre las mesas, al levantarme, encontraré a una pareja de amigos del barrio con los que quedaré para tomar un café más tarde.

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156 Tenth Avenue (At 20th Street) NYC, NY 10011
(212) 924 4440

domingo, 6 de noviembre de 2011

New York New York: SPANISH CHELSEA


LA COCINA ESPAÑOLA A LA CONQUISTA DE NUEVA YORK

No nos cabe duda que nuestra cocina está de moda. No sólo influye otras cocinas, sino que es aclamada y reconocida. La capital de mundo, Nueva York, no podía ser menos y rendirse a los encantos de la cocina patria. Hay restaurantes para fashionistas, sidrerías de factura neoyorkina, muchos bares de tapas, algunos de pintxos vascos o con un aire más catalán. Lo más sorprendente es que la mayoría son propiedad de restauradores americanos admiradores de la cocina española. El mito de que Nueva York lo hicieron los emigrantes se rompe en cuanto a cocina española se refiere.

Dario Barrio, cocinero y propietario de dASSA bASSA en Madrid, es también un avezado viajero para una conocida marca con la que ambos trabajamos, Barceló Viajes. Y en este caso uno de mis compañeros de viaje con motivo de una accion que hemos realizado durante el maraton de Nueva York. Ser viajero Barceló significa moverse por el mundo y abrir brecha para otros generando rutas diferentes. Para mí, ha sido la excusa perfecta para destacar los mejores restaurantes españoles, visitarlos, disfrutarlos y, al hilo de nuestro último viaje, reflejarlos aquí para compartirlos con los amigos.

Me encanta salir a comer o cenar por Chelsea. No se por qué, pero parece ser el barrio en el que la cocina española está más de moda. Tal vez porque Chelsea ha cogido el testigo al Soho, en Mahattan, como barrio de artistas y aquí es donde se puede experimentar. Es una zona en la que se respira barrio, y eso ya es difícil en Nueva York.  Tiene un parquecito recién estrenado en una vía alta de tren abandonada, el High Line Park, y es la zona perfecta para correr por las mañanas o estar con los críos dando una vuelta. Estas cosas te recuerdan lo amable que puede ser esta ciudad.

Hace años, eran pocos los restaurantes españoles, y los pocos que había eran muy clásicos y apenas adaptados a Nueva York. Eran más lugares de encuentro de los emigrantes españoles que vivían muy de espaldas a la ciudad. No hay que olvidar que uno aquí puede hacer cocina de cualquier parte del mundo, pero hay que adaptarse, saber lo que el público neoyorkino prefiere y entiende…. Esa es la receta del éxito. Gracias a gente como Mario Batali, que es una institución, se empezó a conocer la cocina mediterranea. Él mismo posee un local con mucho éxito llamado Casa Mono/Bar Jamón, cerca de Union Square. Es pequeño y tiene una barra de la que cuelgan jamones enteros, algo que supuso todo un shock para los americanos, que no están acostumbrados a ver una pezuña ni en el supermecado.

Pero tal vez lo que marcó la diferencia, hace unos años, fue Boquería, en Flatiron District, un local moderno de tapas a medio camino entre lo que te puedes encontrar en Cataluña o el País Vasco. Pizarra negra, vinos por copas, una buena mezcla de tapas clásicas, paellas y pinchos.  Boquería ha sido el rey de la restauración española en la gran manzana y ha abierto varios locales posteriormente. Uno de sus socios ahora por libre, Seamus Mullen, es uno de los niños mimados de la restauración neoyorkina. Criado en Vermont y de padres americanos, algo que no delata su perfecto acento español, ha sido definido recientemente por Jose Andres (uno de nuestros cocineros más internacionales) como “el Hemingway de la cocina española”. Mullen acaba de abrir este verano Tertulia, una moderna sidrería asturiana, cerca de Washington Square por la que ya ha pasado media ciudad, incluyendo a amantes de lo español, como Gwyneth Paltrow o Beyoncé.

Otro de los must es Socarrat Paella&Bar. Nunca la paella se encontró en un espacio tan fashionista y con tanto protagonismo. Es uno de los Critic’s Choice del New York Times o Zagat, y uno de los lugares en que es materialmente imposible reservar debido a su éxito y al espacio reducido que lo acoge. Una alta mesa comunal con taburetes alrededor que dista mucho de las barracas que vieron nacer a nuestro plato más internacional.

Y de uno de los favoritos de los críticos a otro, Salinas. Algo más grande y con una carta más amplia, más enfocado en un público adulto y con más poder adquisitivo. Con una decoración moderna y elegante, Salinas se aleja mucho de la imagen de la taberna española de toda la vida. Sus dueños, ex productores de cine, han conectando con un público fashionista a la caza de los locales que frecuentan las celebrities. La mañana que lo visitamos, Will Smith hizo su aparación, con su entourage al completo. Eso no quita para que la cocina sea sólida, actual, platos tradicionales reinventados y actualizados, aromas mediterraneos, especialmente baleares, e inspiración española de norte a sur. Tres socios americanos, que adoran pasar los inviernos en Ibiza, y al frente de los fogones un vasco, Luis Bollo, que ha logrado que las gambas al ajillo o el gazpacho encuentren su casa tan lejos de su origen.

No se nos olvidan dos clásicos en Chelsea, Txiquito, una moderna casa de pintxos vasca y El Quinto Pino, un restaurante en el que se puede encontrar una buena representación de la cocina española regional, de torreznos a migas, garbanzos o el mejor salmorejo de la ciudad. Eder Montero, vasco de nacimiento, junto a Alex, su mujer, son los responsables de estos dos locales que se han hecho un hueco privilegiado en Nueva York. “La clientela comenzó siendo del barrio-comenta Eder- pero pronto nos dimos cuenta que habíamos comenzado a aparecer en las listas de los críticos con muy buena nota. La cocina española está muy de moda en Nueva York y de unos años a esta parte se nota mucho más, las cartas son bilingües, la gente te empieza a pedir las cosas por su nombre en castellano, es curioso pero gratificante”.

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 259 West 19th Street
New York, NY 10011, Estados Unidos


240 9th Avenue
New York, NY 10001-6602, Estados Unidos

136 9th Avenue
New York, NY 10011, Estados Unidos

53 West 19th Street, New York, NY
171 Spring St, New York, NY

52 Irving Place
New York, NY 10003, Estados Unidos



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